El verano del “mindfullness”

Llega Septiembre y con él, el fin del verano, los días de playa y de relax y debe comenzar la rutina del trabajo y los estudios aunque todavía nos queden algo más de 20 días para que termine el verano. Este año tengo la mala suerte de no comenzar ninguna rutina en Septiembre, esa que todos odiáis pero que los que no tenemos ni trabajo ni estudios a los que dedicarnos echamos tanto de menos. Pero bueno, algo habrá que hacer ahora para intentar tener una rutina de “trabajo” aunque esta se traduzca en escribir en un blog de mi afición a la decoración y enviar al día decenas de correos con mi curriculum.

Otra cosa que le suele pasar a la gente cuando llega Septiembre es que le entran unas ganas locas de frío, de los días nublados, de ropa de camilla y una serie, tienen ganas de algo que compense tantos días de sol, risas, movimiento, dormir poco y derrotado, quiere un poco de esa melancolía que te entra en invierno. A mi esa melancolía siempre me ha entrado en Septiembre pero de otra manera. Nunca me han entrado ganas de frío, de ropa de abrigo o de ver caer la lluvia, soy muy del verano y del calor. Mi melancolía se traduce en echar de menos el verano que ha pasado y todo lo que siempre supone el verano en mi vida. Hasta ahora siempre fueron veranos de descanso, veranos que los disfruté descansando de un largo año de estudio o veranos en los que disfrutaba cada día de descanso del trabajo porque durante la semana o durante largos turnos de noche me estaba intentando ganar un sueldo. Pero la melancolía de este año será distinta, muy distinta.

Estando en Chipifornia viví una conversación que vista desde fuera puede que no tenga ningún valor o que sea una conversación banal o estúpida, pero a mi me dejó marcado. Era sábado 18 de Agosto y estábamos en casa mis padres, mis hermanas Natalia y Feli con su marido y mi sobrina África y mi novia Lucía. Subimos de haber estado tomando un “piquislavis” en nuestra segunda casa de Chipifornia, el Patati. Transcurría el tiempo en el que mi madre hacía la comida, mi padre y Natalia jugaban con África, mi cuñado veía la televisión y mientras Lucía y yo nos poníamos al día de lo que pasaba en el móvil mi hermana comenzó a comentar el artículo que estaba leyendo en el suplemento “Mujer de Hoy” del ABC.

Mi hermana ha pasado una época en la que ha sufrido problemas de estrés (espero que no se me enfade por publicar esto) y cuando revisaba la revista leyó un artículo que se titulaba: “La mente, el mejor remedio antiestrés, antimigrañas y antienvejecimiento”. Ella nos empezó a contar lo que decía el artículo: -Niño es que esto es verdad, es que dice el artículo que las personas aunque estemos haciendo algo que se supone de relax, como estar en la playa, no nos relajamos ni lo disfrutamos porque estamos pensando en el futuro y en el pasado constantemente y no nos dedicamos a disfrutar el presente. Yo eso lo leí hace tiempo de los niños, que como ellos no tenían consciencia del pasado ni del futuro disfrutaban mejor de las cosas y por eso eran felices. En ese momento me quedé un poco “cojinete”, como me gusta  a mi decir, porque me ponía en situación y es verdad, eso lo hacemos constantemente, nos llevamos todo el día pensando en lo que vas a hacer, lo que quieres hacer, lo que hiciste, lo que hablaste, lo que hablarás, lo que pasó… en fin, que estamos haciendo miles de cosas pero nunca las estamos disfrutando como deberíamos para poder decir de verdad que hemos disfrutado de unas vacaciones, de un viaje o simplemente de un día de playa.

-El vivir el presente sin estar pendiente del futuro ni el pasado se llama mindfullness, nos decía a Lucía y a mi que interveníamos en lo que ella nos contaba asombrados porque era algo en lo que nunca habíamos caído o por lo menos yo nunca me había parado a pensar. ¿Pero por qué hablo de esta conversación si estaba hablando de la playa, la vuelta a la rutina y de la melancolía? Todavía estando en Chipifornia y esa misma tarde Lucía y yo nos bajamos a la playa a dormir la siesta y nos volvió a pasar algo que nos pasa muy a menudo y es que vivimos ese momento mindfullness y nos dimo cuenta de ello.

Desde que comenzamos nuestra relación nos hemos dado cuenta muy a menudo que cuando estamos juntos como que nos sobra todo, no nos hace falta móvil, descansar o mirar la hora. Hemos llegado muchos días a casa super tarde por habernos tragado las horas sin darnos cuenta, hemos estado juntos y nos ha desaparecido todo lo que nos rodeaba y sólo hemos existido ella y yo. Esa tarde nos pasó lo mismo y no fuimos consciente de ello hasta que nos íbamos de la tarde. Nos echamos, charlamos, reímos, nos dimos cariño, dormimos e hicimos una tarde que para nosotros fue de lo más normal del mundo pero era especial. Cuando recogimos todo e íbamos los dos para arriba solos charlando hablamos que teníamos que mirar una cosa en el móvil y dije: -Ostras el móvil, verdad. No he pensado en el móvil en toda la tarde, le dije yo. Ahí empezamos a charlar que nos había pasado eso en toda la tarde y que siempre que habíamos hablado de esto no nos habíamos dado cuenta que nos pasaba lo que decía el artículo y lo importante y bonito que es vivir momentos así y más si es con la persona a la que amas.

Así que como dije al principio, este Septiembre me trae melancolía pero una melancolía que nunca tuve, la melancolía del verano en el que aprendí lo que me pasaba con Lucía, el verano en el que cada momento que vivimos juntos lo hicimos viviendo y disfrutando el presente sin estar pendiente de lo que pasó ni pasará. Un verano intenso, en el que cada cosa que he hecho la he disfrutado como nunca. Sinceramente le deseo que esto le pase a todo el mundo, que nadie se quede sin poder disfrutar de esa sensación de volver a la realidad y decir “ostras, qué me estaba pasando?”. Volver a la realidad en la que estás pendiente de lo que pasó y lo que pasará, pero en una realidad en la que sabes que has estado disfrutando del momento y que te has sentido verdaderamente feliz, como el niño del que al principio hablaba.

Comenzamos el verano estando unos días de regalo con nuestros amigos Emilio y Jenni en Islantilla y fueron unos cuatro día espectaculares. Nos fuimos con una ilusión tremenda porque eran los primeros días que íbamos a pasar fuera de casa juntos y nos llevamos ropa para cinco años fuera de casa… no nos hizo falta de nada. Nos lo pasamos demasiado bien y siempre le agradeceré a “papa Emilio” y a la “socia” lo bien que nos hicieron sentir esos días y el regalarnos esos días tan bonitos con la ilusión que teníamos de hacerlo.

Vinieron vacaciones en Punta Umbría con la familia de Lucía en la que volvieron a hacerme sentir de la familia habiendo llegado hace tres días. Me encantó perder todas las partidas a las cartas y a los dados pero ser el que curra a todos a las palas. Me encantó esos momentos mindfullness de atardecer, de paseo por la playa o esos despertares juntos.

Vinieron días de playa con María, Bea y Samuel. Vino la fiesta Hawaiana en casa de Ferris con tanta gente increíble. Vinieron los días de piscina de Luis con el loco de Samuel. Llegó la victoria en la Eurocopa de nuestra selección. Llegaron los paseos por Sevilla, su centro y sus parques, llegaron días de hacer deporte, de paseos en bici, de granizadas y de series en su habitación. Pero sobre todo llegó Chipifornia. Ha sido una semana perfecta en todo, no sólo en los momentos de mindfullness con Lucía, que si me pusiera a poner todos y cada uno de los que he tenido no dejaría de escribir en unos días, también por la felicidad de mi casa, en lo contento de mi padre disfrutando del verano como nunca lo vi antes, a mi madre queriendo disfrutar de la playa y currandonos a las cartas, a las mañanas de desayuno con mi hermana pequeña dando candela, de como ella se ha llevado de bien con Lucía y han hecho tantas migas en tan poco tiempo, de lo contenta que ha estado Lucía en mi casa con todo el miedo que ha tenido de pasar unas vacaciones con nosotros, de mi sobrina alegrando la casa, de los paseos en la playa, de las locuras de Chipifornia, de las granizadas en la playa, de los partidos a las palas y sus trampas,  de las miles de fotos para querer dejar instantáneas de todos los momentos tan buenos que hemos pasado… de todo. Una semana increíblemente perfecta.

He pasado un verano que en kilometraje se puede quedar corto a otros muchos veranos de mi vida pero en intensidad y felicidad pocos veranos se podrán acercar a este. Así que este Septiembre si, tendré melancolía por mi verano pero con este sabor que me ha dejado el vivir un verano tan locamente enamorado y en el que todo me ha salido tan inesperadamente bien.

Aquí ya entrará poca gente a leer y me parece bien pero si entra la gente que ha hecho que mi verano haya ido viento en popa y que se de por aludida sólo quiero que sepan que gracias y que espero poder haber sumado también en su verano. Mención especial a los padres de Lucía y a mis padres por darnos la oportunidad de vivir este verano juntos y sobre todo a ella por hacer que cada día a su lado sea especial, desde que me despierto hasta que me acuesto. Te amo ;D

Pd: Suena “Love you till the end“.

Un saludo.

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